No Llores… No te va a servir de nada

No llores no te va a servir de nada¿Qué quiero decirte con «No Llores… No te va a servir de nada?

Pues que, inconscientemente, solemos estar mal acostumbrado, y nos lamentamos o quejamos por cosas por las que no tiene sentido hacerlo. Y sólo actuamos así porque nos hemos habituamos, desde pequeños, a que si llorábamos, nuestras peticiones serían escuchadas.

De esta forma, decirle a alguien no llores porque no te va a servir de nada, puede parecer hasta ofensivo, porque vivimos en un victimismo inconsciente. Y lo que es peor, en un sentimiento de estar ofendidos por creer que no estamos correctamente atendidos. ¿No es cierto? ¿No te ha pasado alguna que otra vez de sentirte incómodo porque crees que debería ser mejor atendido? Que sí, que te reconozco que todo deberíamos ser mejor atendidos, pero… Y si no es así, ¿de dónde viene ese sentimiento y qué podemos hacer? 

1. Estamos mal acostumbrados

El origen de ese sentimiento viene de la infancia. En aquella época era bien sencillo: Llorabas y te daban de comer, o te cambiaban los pañales, o te prestaban atención, o lo que fuera. Era un mecanismo simple y muy egoísta: Lloro y logro lo que quiero. Por tanto, es un sentimiento inconsciente muy arraigado.

Si tuviste suerte, muy pronto te pusieron al orden. Tus padres rápidamente limitaron esa relación entre tu acto y su respuesta. Ya no servía de nada llorar, o refunfuñar, o ponerte como fuera que te pusieras. Y creo todos hemos probado  los límites de nuestros mayores, ¿o tú no lo hiciste?

Sin embargo, ¿qué ha dado lugar a esta sociedad con este sentimiento de búsqueda de satisfacción inmediata, de no esfuerzo, de sentir que algo o alguien debe de estar ahí a nuestro servicio y procurarnos felicidad? Y si este era un sentimiento inicialmente propio de los niños, ¿no te da la sensación que se ha extendido y que, psicológicamente, esta es una sociedad más débil?

El asunto ha llegado a un punto tan ridículo, que si alguien se siente ofendido, aunque no haya nada objetivo para ofenderlo, sino que él se perciba a si mismo como ofendido, la razón está de su parte. El asunto es de un absurdo absoluto, pero es muy real y refleja lo enferma que ha llegado a estar esta sociedad. No importa la razón, importa que alguien no se sienta ofendido frente a dicha razón. Como señalo, algo absolutamente infantil.

2. El pensamiento correcto

Y es que se parte de un pensamiento incorrecto. Se parte de ciertas creencias que, en un pasado, nunca se tuvieron. En un pasado, desde muy pequeño, todo el mundo tenía claro que tenía que luchar por abrirse paso. Ya fuera estudiando, trabajando, o con lo que fuera, no había nada dado por sentado, por seguro. 

Si estudiabas te tenías que esforzar, no solo sacar buenas notas era difícil, sino siquiera aprobar. Hoy, el asunto de no aprobar se ha convertir en algo tabú, porque puede generar traumas, pobrecito el niño o la niña. Niño o niña que en otra época eran ya hombre y mujeres, asumiendo responsabilidades…

A consecuencia de ello, cada vez el sistema para dar validez a los estudiantes es más flexible. En otras palabras, inútil, porque no consigue lo único que permite a las personas avanzar: Esforzarse. Y creo que, en lo que respecta al trabajo, es un poco lo mismo. Mi trabajo en el mundo empresarial me ha mostrado, especialmente en los últimos veinte años, que eso de que la generación mejor preparada, es más un mito que una realidad. Hay gente buena, incluso extraordinaria, como en los estudios, pero en general el denominador común es flojedad, son flojos.

La base de cualquier logro sólido es un pensamiento correcto. Y no entiendo por él, el decir tengo que luchar, esforzarme, sufrir, porque sé que eso sólo crea problemas. El pensamiento correcto es tener claro sólo un detalle: Nadie me lo va a venir a resolver, por tanto, debo hacerme responsable de mi propia vida y de mis resultados.

3. La actitud correcta

Cuando tienes el pensamiento correcto el resto empieza a ser más sencillo. Tomas lo que hay frente a ti y te haces responsable de la parte que te toca. Quizás no es lo que querrías, pero es lo que hay.

En este sentido, el máximo ejemplo, como he reconocido muchas veces, es que si miras el mundo, tal como está y tal como lo configuran para tu vida, no podría discutirte que eres una víctima de muchas cuestiones. Sin embargo, una cosa es ser víctima en el sentido de que te caiga un chaparrón encima, y no puedas evitarlo, y otra tener el espíritu de la víctima. Esta que sólo toma la parte negativa y se sienta a esperar que el aguacero pase. Mientras que quién no tiene ese espíritu, flojo, buscará la forma de sufrir menos, o no sufrir nada en absoluto.

La actitud correcta no es esperar a que las dificultades se diluyan, refugiarte místicamente en el ahora, o a que aparezca un salvador que solucione el problema, la actitud correcta es tan simple como aceptar que tienes que actuar. ¿Cómo? Muchas veces no lo sabrás, así que cuando no lo sepas, averigua cual es tu objetivo final, y ponte a la tarea de lo que tengas delante. Quizás esa tarea no parezca que te acerca a nada, ni siquiera te sea agradable, pero… Es lo mejor que puedes hacer. La otra opción, es sentarte a esperar. Y esa no es la actitud correcta.

4. El acto correcto

Y esta actitud correcta, ponerte a hacer lo que tengas delante de ti, unida al pensamiento correcto del que sabe que debe responsabilizarse de su vida, porque nadie va a venir a resolvérsela, es la actitud no sólo de una persona madura, sino preparada.

No llores y trabaja para tu suerte¿Pero preparada para qué? Preparada para el cambio a mejor. Imagina a modo de metáfora: Te gusta la fotografía y sueñas con hacer fotografías maravillosas, pero en tu entorno no es posible. Lo percibes como muy soso, con pocos motivos. ¿Qué puedes hacer, cuál es el acto correcto? Pues practicar, practicar y practicar, y leer, leer y leer y ver y estudiar muchas imágenes de otros fotógrafos. No hay más en ese momento. Pero toda tu mente, todo tu ser interior estará enfocado en ese objetivo.

Y ahora imagina las posibilidades: Un día, te llega la oportunidad de ese viaje donde vas a encontrar los motivos que soñabas, ¿quién crees que tomara mejores fotografías, el que se lamentaba de su suerte por no tener los motivos adecuado o el que, haciéndose cargo de su situación no dejó de practicar?

He puesto este ejemplo porque a mi mismo me gusta la fotografía, pero puede ser cualquier cuestión que ambiciones. Perfeccionar tus capacidades y tus conocimientos es la única forma de que algo realmente importante pueda suceder en tu vida.

5. Comprender y abrazar la dificultad

Aquí volvemos al principio, donde partió todo: Comprender que las cosas no son fáciles, por simples que pueden parecer, y que, por tanto, debes abrazar la dificultad.

No hay una sola área de la actividad humana en la que nadie haya despuntado sin haber abrazado la dificultad. A ti te puede parecer que otros lo tienen más fácil, pero es sólo, como dijo alguien, no envidies la apariencia de felicidad de cualquier ser humano, porque no conoces sus secretos dolores.

Y sí, incluso así tengo que aceptar y reconocerte que hay gente que lo tiene más fácil, ¿y qué?

Si dices eso es que estás todavía en el punto de la víctima, del niño que llora, que se siente ofendido porque no le hacen caso. ¿Qué más te da que otros les sea más fácil, qué ganas algo con ello? Carece de sentido, a menos que te preguntes cómo lo hicieron para emularles, para lograr esos mismos resultados.

Acepta la dificultad no como una barrera, sino como un andamio, cuanto más arriba estés ese andamio, más lejos alcanzará tu vista. Además… Ahora lo tienes un poco más fácil, ¿cuánta gente sabe lo que ahora tu sabes?

6. ¿Y tú, crees que sirve de algo llorar?

En tu experiencia, ¿crees que sirve de algo llorar, sentirse víctima, actuar como víctima, dejarse llevar por la corriente, esperar bajo el aguacero a que escampe? ¿Cuál ha sido para ti la actitud que te ha permitido progresar, avanzar?

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