No hay trucos mágicos. Para un trabajo importante no hay soluciones rápidas. Lo que te voy a proponer hoy no es para tres meses. Es para tu vida. Pero si haces el trabajo, los resultados llegan.
En este artículo (y en el vídeo) te comparto tres ejercicios que he ido desarrollando a lo largo de años de trabajo con coaching, mentoring y regresiones. Son prácticos. Son profundos. Y funcionan si los haces de verdad.
Contenido del Artículo
- 1. Un aviso antes de empezar (importante)
- 2. Ejercicio 1: El mapa de tu identidad (del yo soy pequeñito al Yo Soy)
- 3. Ejercicio 2: La escritura liberadora (vaciar el corazón)
- 4. Ejercicio 3: La integración en el corazón (recuperar lo positivo)
- 5. El resultado: un Yo Soy grande que te guía
- 8. Enlaces de Interés
- 9. Libros Recomendados
- 10. Regresiónes a Vidas Pasadas, Desarrollo Personal y Solución de Problemas
1. Un aviso antes de empezar (importante)
Había un entrenador físico en Estados Unidos llamado Bill Phillips. Alguien le preguntó: «Tu dieta es de seis días a la semana. ¿Qué hago el séptimo día?» Él respondió: «El séptimo día haz lo que quieras. Come pizza, hamburguesas, pasteles. Porque hasta Dios el séptimo día descansó. Y esto no es una dieta para tres meses. Es para tu vida».
Pues esto es igual. Estos ejercicios no son un «truco mágico» que resolverá todo en una semana. Son una forma de vivir. Como decía el que divulgó el Ho’oponopono: hay capas y capas y capas que limpiar. Así que si buscas la solución rápida, apaga el vídeo. Esto no es para ti.
Dicho esto, vamos a los tres ejercicios.
2. Ejercicio 1: El mapa de tu identidad (del yo soy pequeñito al Yo Soy)
Este primer ejercicio es muy racional. Viene de mi trabajo de entrenador personal, como coach, mentor y haciendo regresiones. Es la base de todo.
Paso 1: Toma una hoja en blanco. En la columna de la derecha, escribe todas las definiciones, adjetivos que te definen. Tímido, pusilánime, indisciplinado, inseguro, lo que sea. Sin filtros. Sin censura. Pueden salirte 10, 15 o 20 palabras.
Paso 2: Agrúpalas. Los sinónimos, redúcelos a una palabra. Usa un diccionario de sinónimos y antónimos si lo necesitas. Esto te dará tu «yo soy pequeñito». La identidad social. El ego. El que te han construido a base de programas y condicionamientos. Quien ahora evalúas que eres. Lo cual, para la mayoría, no es una evaluación muy amable.
Paso 3: Ahora, en la columna de la izquierda (la que leerás primero cada vez que abras la hoja), escribe el antónimo de cada una de esas palabras. Si pusiste «tímido», pon «audaz». Si pusiste «indisciplinado», pon «disciplinado». Y así.
Por mucho que te sorprenda, esto que has escrito en la izquierda no es un deseo. No es algo que «ambicionas». Es el recuerdo de lo que una vez fuiste. No operas por deseo. Operas por nostalgia. Como cuando alguien te habla de la comida que hacía tu madre y se te hace la boca agua. Eso no es deseo de algo nuevo. Es el recuerdo de algo que ya conoces.
Paso 4 (importante): No te autocensures. Una palabra que cuesta aceptar es «poder». La gente se asusta. «Ay, el poder, no sé qué…» Pero tú quieres poder sobre tu vida. Poder sobre tus emociones. Poder para decidir. Acepta tu propio poder. No es poder sobre otros. Es poder para ti. Sin embargo, ¿por qué genera tanta prevención?
Esta columna de la izquierda es tu «Yo Soy grande». Tu origen. Lo que realmente eres antes de que los traumas y los condicionamientos te lo cubrieran.
3. Ejercicio 2: La escritura liberadora (vaciar el corazón)
Este segundo ejercicio es simple, pero profundo. Empieza a tocar las emociones. Elige una situación que te pese. Una relación que terminó mal. Un proyecto que fracasó. Una frustración del pasado.
Paso 1: Toma papel y bolígrafo. Escribe sobre esa experiencia. Sin filtros. Sin censura. Escribe todo lo que te venga. Cuando te canses, paras. No lo leas. No lo releas. Solo escribe.
Paso 2: Dos o tres días después, cuando la sensación vuelva, escribe otra vez. No leas lo anterior. Escribe de nuevo. Y así, una y otra vez. Pueden ser semanas o meses.
Paso 3: Llegará un día en que ya no te apetezca escribir sobre eso. La emoción habrá cambiado. Entonces, toma la primera hoja que escribiste y léela. Te asombrarás. Verás cómo ha cambiado tu visión de ese problema y como has liberado la carga.
Al revisar una y otra vez, empiezas a comprender
Yo hice este ejercicio con una ruptura sentimental. Empecé sintiendo culpa. «¿Por qué no hice esto, por qué no hice aquello?». Meses después, llegué descubrí que la realidad es que la otra persona no me dejó salida. Que fui manipulado. Que hice lo mejor que pude con lo que tenía. Pude comprender y la culpa desapareció. Quedó el dolor, pero eso lo trabajamos en el tercer ejercicio.
Una vez empezado, ya no te detengas
Has empezado por aquello que te cargaba con más peso, pero este ejercicio debe extenderse, debes explorar tu pasado. Además, tal como decía, son muchas capas, y cuando dejes una limpia, aparecerá otra debajo que habías olvidado y que también requerirá tu atención.
Castaneda hablaba de la «recapitulación»: repasar toda tu vida, desde el principio, escribiendo y liberando. Es un trabajo largo. Pero es liberador y, por esa razón, absolutamente vital.
4. Ejercicio 3: La integración en el corazón (recuperar lo positivo)
El tercer ejercicio es puramente emocional. Trabaja con el poder que le atribuyen al corazón. Pero ojo: solo funciona si has hecho los anteriores.
Llegarás a un punto en que, después de escribir y liberar, solo queda una sensación. Un dolor sin culpa. Una tristeza sin resentimiento. Eso es lo que trabajamos aquí.
Paso 1: Cierra los ojos. Respira. Conecta con tu corazón. Imagina que tiene una energía. Puede ser de color malva, azul, rosa… el que tú sientas.
Paso 2: Recuerda el inicio de esa experiencia del pasado en la que ya no hay culpa, ni resentimiento, solo pena por lo que, por ejemplo, supone esa pérdida, cuando al inicio todo era ilusión, alegría, esperanza. Quédate con esto último, justo esto, nada más. Ignora el final. Ignora el dolor. Ignora la traición. Quédate con la chispa inicial.
Paso 3: Visualiza esa experiencia (la positiva, la inicial) delante de ti. Envuélvela en la energía de tu corazón. Rodéala hasta que sientas que vibra. Y entonces, dite a ti mismo: «Acepto esta experiencia. La integro en mí. Vivirá conmigo para siempre. Y me quedo con lo positivo. Lo negativo ya no tiene importancia. Todo lo que tuvo de hermoso queda para siempre conmigo».
Ir más allá de los límites de las creencias
Esto no es perdón. No es compasión. No es comprensión (eso ya vino antes). Es integración. Es recuperar la parte buena de la experiencia y hacerla tuya. Lo malo, se disuelve. Lo bueno, se queda.
Hazlo una a una. No quieras abarcar todo a la vez. Cada experiencia, cada relación, cada proyecto. Uno a uno. Y verás cómo vas limpiando capas.
5. El resultado: un Yo Soy grande que te guía
Cuando conectas con tu Yo Soy grande (el de la columna izquierda), algo cambia. Ya no te identificas con las historias que te cuenta tu mente. No te enfadas cuando alguien critica a tu gurú favorito. No te encrespas cuando cuestionan tus creencias.
La persona que actúa desde el yo soy pequeñito se identifica con lo que cree. Si atacas su creencia, se siente como si la atacaras a ella, lo convierte en algo personal. La persona que actúa desde el Yo Soy grande es indiferente. No necesita defender nada. No necesita tener razón. Solo es.
Pasar del pequeñito al grande no es cosa de dos días. En el trabajo intensivo que realizo, quizás dos meses puedes empezar a entenderlo. Asentarlo es otra cosa, dependerá de si aplicas disciplina o si lo tratas como una experiencia más. Haciéndolo solo no puedo decirte el tiempo que puede llevarte. No es lo mismo hacer un entrenamiento físico a solas sin nadie que te ayude que cuando tienes quién te apoya, pero estos ejercicios están pensados para que sea posible. Además, funcionar funciona, y es gratis, ¿qué tienes que perder?
No des nada por sentado y logrado
Eso sí, tomes el camino que tomes, acompañado o no, habrá días que caigas. Habrá días que estés débil. Como en el gimnasio: hay días que no puedes con las pesas y otros días que mueves el mundo. Es normal.
Pero el trabajo merece la pena. Porque cuando llegue el momento de trascender (a todos nos llegará), si has trabajado todas esas cargas, el lastre será muy liviano o inexistente. Y como decía Castaneda con la metáfora del pico del águila, cuando las entidades vengan a atraparte, pasarás de largo. Porque no tendrán nada donde agarrarse.
El trabajo no se hace en el momento de morir. Se hace ahora. En vida. Día a día. Ejercicio a ejercicio.
En el próximo vídeo hablaremos del yo soy pequeñito y el yo soy grande. Para que entiendas mejor cómo funcionan estas dos partes dentro de ti.
8. Enlaces de Interés
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Ejercicio de Recapitulación – Introducción (1/2)
El Lado Activo del Infinito de Castaneda: La Recapitulación y los Predadores (2/2)
¿Te has dado cuenta cómo te hablas?




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