Hay una pregunta que me llega una y otra vez: «¿Por qué la ley de la atracción no me funciona?» Y cada vez que alguien me la hace, lo que más me sorprende es que me la hagan. Porque cuando escucho cómo me explican su problema, la respuesta está ahí, juste frente a ellos, en ese mismo texto.
Hablan desde el victimismo, desde la derrota, desde la incomprensión. Y mientras tanto, su consciencia está tan llena de mentiras que no hay deseo que pueda florecer. En este artículo (y en el vídeo) te explico por qué la ley de la atracción falla y qué significa realmente liberar tu consciencia.
Contenido del Artículo
- 1. El problema de la ley de la atracción: no es lo que crees
- 2. Lo que te impide manifestar: la morralla en tu cabeza
- 3. Las creencias son tus cárceles (y se identifican fácilmente)
- 4. Neville Goddard y la complejidad de la Ley de la Asunción
- 5. Los servicios de inteligencia y la mentira
- 6. Jesucristo y la masa que no entendía nada
- 7. Buda: sufrimiento total, no evolución
- 8. Conclusión: liberar tu consciencia es desaprender
- 9. Enlaces de Interés
- 10. Libros Recomendados
- 11. Regresiónes a Vidas Pasadas, Desarrollo Personal y Solución de Problemas
1. El problema de la ley de la atracción: no es lo que crees
Llevo años escuchando a personas que se frustran porque la ley de la atracción no les funciona. Y lo más curioso es que me lo cuentan desde el victimismo. «Yo hago todo bien, me esfuerzo, visualizo, afirmo… y no sale. En cambio, esa otra persona, que no hace ni la mitad, lo consigue todo.»
¿Te suena? Pues tengo una buena noticia: mientras te enfoques así, no va a funcionar. Y no va a funcionar nunca.
Te han vendido la ley de la atracción como conducir un cochecito de esos que no tienen caja de cambios. Acelerador, freno y volante. Algo simple, sencillo, que hasta un niño es capaz de hacerlo. Sin embargo, la realidad es muy diferente. La ley de la atracción, bien entendida, es como conducir un Fórmula 1. Y tú, aunque lleves 40 años conduciendo un utilitario, no sabes ni cómo arrancar un Fórmula 1. Ni siquiera un piloto profesional puede con él sin un entrenamiento profundo.
Eso es lo que te han vendido: una versión simplificada, edulcorada, imposible de aplicar sin el trabajo interior que nadie quiere hacer.
2. Lo que te impide manifestar: la morralla en tu cabeza
Hay una frase que resume todo esto: «Si quieres acumular conocimiento, cada día debes aprender algo nuevo. Si quieres acumular sabiduría, cada día debes olvidar algo».
¿Qué tienes que olvidar? La morralla. Las mentiras. Las creencias que has aceptado como reales sin someterlas a prueba. Esas son tus cárceles. Y mientras estés encarcelado, no puedes manifestar nada, porque tu consciencia más profunda (la que tendría que materializar tus deseos) te está viendo mentirte a ti mismo.
Imagina un niño que va a un adulto contándole sus fantasías. El adulto quiere ayudarle, pero el niño está tan empeñado en sus historias que no escucha. Al final, el adulto sonreirá y le dejará que siga con sus historias, porque sabe que es inútil intentar razonar. Todo requiere tiempo. Pues eso es lo que hace tu consciencia. Te mira, ve que te estás engañando, intenta ayudarte pero al ver que no es posible se aparta.
No puedes invocar fuerzas de tu interior más profundo si estás intentando regirte por reglas falsas. De alguna forma, consciente o inconscientemente, es como engañar a ese interior. No funciona.
3. Las creencias son tus cárceles (y se identifican fácilmente)
¿Cómo saber si una creencia es una cárcel? Muy sencillo. Cuando alguien la cuestiona, y tú reaccionas de forma visceral. Algo se remueve en tu interior de forma incómoda. Sientes tu base como sólida, la crees así, pero en realidad hay un punto de inestabilidad que te hace sentir esa incomodidad. No es que te emociones porque compartes algo bonito. Es que te pones a la defensiva. Te sientes atacado.
Te pongo un ejemplo. Hace poco vi un vídeo de un autor muy conocido en estos círculos. Decía: «Yo siempre he tenido una gran tendencia hacia lo espiritual, porque con 14 años ya empecé a leer a Lobsang Rampa». Me pareció algo absurdo, infantil… Pensé: ¿y qué? Yo empecé con 8 años a leer esos mismo libros, y con 14 me había leído todos lo que había publicado Lobsang Rampa. ¿Por qué? Según esa idea, debía ser «super espiritual»… ¿verdad? Pues no, la verdad es que fue porque fuera «muy espiritual». Fue porque estaba hecho polvo.
Crecí en un país extranjero, moreno, pelo negro, rodeado de niños rubios de piel blanca. El bullying que sufrí fue brutal. Los niños no son inocentes. Son crueles hasta la médula. Y yo encontraba en los libros lo que no encontraba en la vida real.
¿Qué quiero decir con esto? Que cuando alguien presume de su espiritualidad temprana, no está contando la verdad completa. Detrás de esa historia suele haber un ego herido. Alguien que fracasó en el «mundo normal» y busca refugio en lo espiritual.
No es mi opinión. Lo dijo un profesor mío hace años: «En estos ambientes está todo lleno de egos heridos». Personas que rebotaron del mundo material y fueron a buscarse a sí mismas a otro lado.
4. Neville Goddard y la complejidad de la Ley de la Asunción
He escrito un libro, «Los 117 Principios de la Ley de la Asunción de Neville Goddard». Y te digo una cosa: Neville y su Ley no es lo que te han contado.
Neville fue un místico. Y tuvo un final trágico. El alcohol se lo llevó por delante. ¿Por qué? Porque, según lo veo, la presión era insoportable. Porque la única forma de soportar el dolor de la vida para él, para alguien realmente «despierto», era bebiendo. Y no es el único. Muchas personas «muy espirituales» tienen problemas graves. Problemas de inadaptación. Su reino no es de este mundo y eso no es una frase para ellos, es una realidad aterradora.
La Parte Desconocida de Neville
El libro que destilé de las enseñanzas de Neville no es para acumular conocimiento. Es para desbrozar. Para eliminar. Para quitarte cosas de encima. Para que te quedes más limpio. No es un manual de instrucciones para conseguir cosas. Es un camino de limpieza interior. Y esto es lo que creo que, en realidad, Neville quería comunicar. La Ley de la Asunción era solo un pretexto.
Él sabía por qué hay deseos que no se cumplen. Porque estás lleno de morralla. Y la morralla bloquea. Pero cuando dejas de esforzarte, cuando abandonas el «esfuerzo», a veces llega. A mí me ha pasado. Deseos que tardaron dos años en llegar. Otros que llegaron de inmediato. Pero no entiendo la mecánica. Y el que te diga que la entiende, te está mintiendo.
5. Los servicios de inteligencia y la mentira
En los servicios secretos hay una técnica muy inteligente: mezclar una porción de verdad con un montón de mentiras. Cuando la verdad es tan evidente que no se puede ocultar, la rodeas de mentiras para despistar al enemigo.
Pues tu mente hace lo mismo. Defiendes una pequeña verdad envuelta en mentiras. Y esa pequeña verdad te da la coartada para no cuestionar el resto.
Pero tu consciencia lo sabe. Y no colabora. No puedes mentir a tu propio ser más profundo. Porque ese ser eres tú.
El primer paso para liberar tu consciencia no es aprender algo nuevo. Es desaprender lo que te han metido en la cabeza. Desprenderte. Limpiar la morralla.
6. Jesucristo y la masa que no entendía nada
Y esto nos lleva al siguiente punto: Jesucristo. No sé si existió o no. Neville decía que no. Pero aceptemos la figura.
¿Tú crees que las masas que seguían a Jesucristo entendían algo de su sabiduría? Claro que no. Iban por el espectáculo. Por los milagros. Por la fiesta. Por el ambiente. Era el «circo» de la época. Eso Neville lo sabía. Por eso hablaba de la Ley de la Asunción y no de lo que realmente quería comunicar.
Y la prueba es muy sencilla. Cuando llegó el momento de salvar a Barrabás o a Jesucristo, la masa salvó a Barrabás. Porque formaba parte del espectáculo.
¿Y esto es importante? Evidentemente. Piénsalo, si hoy la masa pudiera elegir entre Jesucristo y Barrabás, seguiría salvando a Barrabás. Esta es la realidad. Recuerda esto cuando recurras a uno de los pilares de tus creencias que es la evolución. Hoy como hace dos mil años, solo unos pocos pudieron entender. Como el centurión romano que dijo «una palabra tuya bastará para sanarle». Ese sí entendió. Pero era una excepción. Ayer como hoy, como siempre.
7. Buda: sufrimiento total, no evolución
A muchos les sorprenderá que hable de Buda de esta forma. Buda, al fin y al cabo, era un príncipe. Eso le permitió abandonó a su mujer y a su hijo. Algo que solo un privilegiado puede permitirse. Para otro cualquiera en la India, en aquel y este tiempo, hubiese sido imposible y, en todo caso, imperdonable. Vergonzoso.
Si no hubiera sido un príncipe, su familia lo habría atado a un poste hasta que trabajara. Él pudo lanzarse a su aventura porque tenía recursos. Sabía leer y escribir (en aquella época, eso era como tener cinco carreras). Tenía el porte, le presencia, una forma de hablar propia de su alcurnia, y eso imponía respeto. Cuando llegaba a una aldea, hasta los ladrones pensaban: «A este mejor no tocarlo, no vaya a ser que la familia se entere».
Lo que más admiro de Buda no es toda la mitología meliflua que le rodea. Es que, a pesar de ser un príncipe, se asomó al mundo real. Vio cómo vivía la gente. Y dijo: «Sufrimiento total en este volver y volver a nacer». No dijo evolución o crecimiento total en este volver y volver a nacer, ¿por qué? Porque sabía que eso era mentira.
Esa es su grandeza. El resto es poesía. Suena bonito, pero no es real. Y el Dhammapada, insisto, es un libro de adoctrinamiento. Inculca creencias y es un «inflamos»: repite constantemente «aquel que yo llamo noble es el que hace tal cosa». ¿Qué busca con eso? Exacto: Inflar el ego. Ese pequeño «yo soy» del que hablaremos otro día.
8. Conclusión: liberar tu consciencia es desaprender
Por eso te digo: liberar tu consciencia no es alcanzar un conocimiento nuevo. Es desprenderte de las mentiras. De las creencias que te han inculcado sin que las cuestionaras. De la morralla que llevas dentro.
Mientras tu cabeza esté llena de eso, la ley de la atracción no va a funcionar. Porque tu consciencia más profunda te está viendo mentirte a ti mismo. Y no puede ayudarte. La mentira es contravenir una de las leyes del universo, es una energía negativa, siendo así… ¿cómo podría ayudarte?
El trabajo es lento. Es desbrozar, quitar, eliminar. Lo mismo que se hace antes de poder sembrar y luego cosechar. No es acumular más información. Es quedarte más limpio. ¿Has visto alguna vez un campo a punto de ser sembrado? Así debe estar tu interior.
En los próximos vídeos abordaremos las claves de la historia, los mitos que te tienen atrapado (la mente, el corazón…) y te entregaré ejercicios para tu crecimiento interior.
9. Enlaces de Interés
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